I’M BACK BITCHES!
Heeeellooooo, pringaos. ¿Me echabais de menos, eh? (Dijo nadie nunca). Sí, ya estoy aquí, la pesada de las pelis raras… yi isti iqui li pisidi di lis pilis riris… pues sí, José Ramón, he vuelto.
Peeeero, para sorpresa de todos, he vuelto con un meloncito que llevo dándole vueltas un tiempo y que, desde que volví a esta red social, se me ha confirmado. Pero solo hoy, ¿eh? A la próxima ya vuelvo con las pelis raras, que uffff, hay mucha tela que cortar. Bueno, al lío, que me enrollo.
Mi meloncito de hoy:
¿El algoritmo de IG se ha convertido en uno de los mecanismos más peligrosos de nuestro tiempo? Mi respuesta es, sin duda, SÍ. No porque nos obligue explícitamente, sino porque moldea silenciosamente nuestra manera de pensar y relacionarnos. Nos adoctrina sin que nos demos cuenta, bombardeándonos con consejos sobre cómo vivir, tener una relación sana, cuidar nuestra salud mental, cómo poner límites… pero, ¿dónde están sus propios límites? ¿Los tienen acaso?
La sobreinformación nos satura. Cada notificación, cada hilo, cada reel que vemos nos arrastra hacia un flujo constante de estímulos que parecen urgentes, pero rara vez lo son. Con tanto ruido, el pensamiento crítico muere. Dejamos de preguntarnos por qué vemos lo que vemos, quién decide qué aparece en nuestro feed y qué intereses se esconden detrás.
Y, al final, creemos estar más informados que nunca, pero en realidad estamos más vulnerables a la manipulación. El bombardeo constante de datos no se traduce en mayor claridad, sino en confusión y dependencia. Y ahí está el verdadero peligro: perder la capacidad de filtrar, de cuestionar, de elegir con autonomía.
Pero bueno, tampoco me hagáis mucho caso a mí, que lo único que controlo bien en mi vida es que nunca se me quema la pizza.
Pues eso. Nos vemos a la próxima, pero ya con datos que no le interesan a nadie sobre cine.
Chaaaaaau.

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