CAPÍTULO 2. Always a film by...DIOS.
Y entonces Dios creó a Tarantino y este creó el CINE.
También podríamos titular este post como "Tarantino, la violencia hecha poesía."
Vamos a hablar de CINE en mayúsculas. Las películas de Tarantino surten el mismo efecto que una hostia a destiempo. Este poeta de la violencia es capaz de extraer la belleza de un puñetazo, una colisión entre coches o el tajo de una espada. Es un Bukowski del cine, sólo que adicto a la sangre en lugar de a las copas.
Tarantino es una de esas especies en peligro de extinción. Muchos han calificado su obra como de “oda a la violencia”, pero en realidad creo que es una ‘oda al cine’ y, más concretamente, al cine que apasiona a Tarantino.
Pero no todo es hierro, sangre y fuego. Detrás de cada historia se encuentra la constante batalla entre el bien y el mal y el debate sobre la legitimidad de la violencia. Los personajes de Tarantino apuestan por ejercer su propia justicia.
En definitiva, ver una de sus obras es disfrutar del cine en estado puro, es la definición de un guión perfecto y unos personajes que marcan SIEMPRE un antes y un después en tu vida.
GOD SAVE THE KING.

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