CAPITULO 4. Amelie, tenemos que hablar.
Hace 19 años se estrenaba la película que sirvió como catecismo para la Malasaña actual.
Voy a poneros en contexto.
Amélie comienza con Amélie explicando que, de pequeña, era algo marginada. Su madre murió aplastada por un turista suicida cuando aún era niña, lo que emparanoió a su padre hasta el punto de convertirla en una niña burbuja. Así que tuvo que multiplicar su imaginación para no marchitarse sin remedio.
Con 22 años, Amélie se independiza en un piso de Montmartre y empieza a trabajar en una cafetería, también en Montmartre. Por cierto, Montmartre se pronuncia Monmjatje. (No me lo agradezcáis).
A Amélie le gusta ir al cine, pero no las películas. Prefiere mirar a la gente que mira las películas porque es un poco voyeur.
También disfruta dándole golpecitos a la cubierta crujiente de la crema catalana en lugar de comérsela. Esto, sinceramente, debería considerarse terrorismo.
El día en que murió Lady Di, Amélie encontró una cajita llena de recuerdos de infancia de un inquilino anterior en una estancia secreta de su piso de Montmartre (Monmjatje, no lo olvidéis). Decide encontrar al dueño como sea, para ver si ese papel de vengadora del bien le da sentido a su vida. Algo así como Ruiz Mateos, pero en chica mona indie.
También se dedica a pasear ciegos. Porque sí.
Hace de casamentera de sus clientes en la cafetería, que, al igual que ella, son un poco… raris.
Un día conoce a Nino, que trabaja en un tren de la bruja por las mañanas y, por las noches, en un sex shop. PARTIDAZO.
A Nino le gusta coleccionar fotos olvidadas o desechadas de fotomatones porque, al igual que Amélie, es un poco tal.
Como Amélie no se atreve a dar el paso porque es idealista e intensa nivel protagonista de Serendipity, tiene que ser su vecino quien los una. Y así es como Amélie recibe, en forma de novio Asperger, toda la felicidad que ha repartido, demostrando que toda acción tiene su reacción.
(Y que conviene ayudar a cruzar a los ancianos para que, cuando tú seas uno, te ayuden a ti. Según Amélie).
EN DEFINITIVA:
Poneos directamente la banda sonora, que SÍ que merece la pena.
Y NO OS CORTÉIS EL PELO COMO AMÉLIE. ESE PUTO PELO QUE PARECE UN TRASUNTO FEMENINO DE JIM CARREY EN DOS TONTOS MUY TONTOS, POR FAVOR.

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